Parroquia de Lardero

Información y noticias de la Parroquia de Lardero (La Rioja)


 El cazador de almas y vocaciones…

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Martirologio romano: Memoria de San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia, quien ingresó junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio cisterciense y más tarde se convirtió en el fundador y primer abad del monasterio de Claraval. Dirigió con gran sabiduría a los monjes por el camino de los mandamientos de Dios, con su vida, ejemplo y enseñanzas; Viajó por toda Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus apasionadas exhortaciones, hasta que en el territorio de Langres, en Francia, descansó en el Señor.


“La pureza nace del amor”

Mira cuántos motivos para venerar a San José y para aprender de su vida: fue un varón fuerte en la fe…; sacó adelante a su familia –a Jesús y a María–, con su trabajo esforzado…; guardó la pureza de la Virgen, que era su Esposa…; y respetó –¡amó!– la libertad de Dios, que hizo la elección, no sólo de la Virgen como Madre, sino también de él como Esposo de Santa María. (Forja, 552)

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Para vivir la virtud de la castidad, no hay que esperar a ser viejo o a carecer de vigor. La pureza nace del amor y, para el amor limpio, no son obstáculos la robustez y la alegría de la juventud. Joven era el corazón y el cuerpo de San José cuando contrajo matrimonio con María, cuando supo del misterio de su Maternidad divina, cuando vivió junto a Ella respetando la integridad que Dios quería legar al mundo, como una señal más de su venida entre las criaturas. Quien no sea capaz de entender un amor así, sabe muy poco de lo que es el verdadero amor, y desconoce por entero el sentido cristiano de la castidad. (Es Cristo que pasa, 40)

Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.

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Los bienes de la tierra no son malos; se pervierten cuando el hombre los erige en ídolos y, ante esos ídolos, se postra; se ennoblecen cuando los convertimos en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y de caridad. No podemos ir detrás de los bienes económicos, como quien va en busca de un tesoro; nuestro tesoro está aquí, reclinado en un pesebre; es Cristo y en El se han de centrar todos nuestros amores, porque donde está nuestro tesoro allí estará también nuestro corazón. Es Cristo que pasa, 35.

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