Parroquia de Lardero

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Papa Francisco pide tomar en serio “ser cristiano” e invita a ser “portadores de Dios”

 El Papa saluda a los fieles durante la primera audiencia general del Jubileo. Foto: Alexey Gotovskiy / ACI Prensa

El Papa Francisco pidió hoy que todos los bautizados se tomen en serio ser cristianos porque el amor de Dios, el encuentro con Jesús, transforma al hombre y por eso todo cristiano está llamado a ser “portador de Dios”.

Tomemos en serio nuestro ser cristianos, y comprometámonos a vivir como creyentes, porque solo así el Evangelio puede tocar el corazón de las personas y abrirlo a recibir la gracia del amor, a recibir esta gran misericordia de Dios que acoge a todos”.

Lo dijo el Papa Francisco este sábado por la mañana en la Plaza de San Pedro al celebrar la primera audiencia jubilar del Año Santo. Una vez al mes, el Pontífice presidirá también este día de la semana la Audiencia General que tiene cada miércoles con miles de fieles.

En esta ocasión, Francisco habló de la relación que existe entre “misericordia” y “misión” y aseguró que en el Evangelio se observa esta experiencia de los primeros discípulos, por ejemplo, “después del primer encuentro con Jesús, Andrés fue a decirlo rápido a su hermano Pedro, y lo mismo hizo Felipe con Natanael”. “Encontrar a Jesús equivale a encontrarse con su amor. Este amor nos transforma y nos hace capaces de transmitir la fuerza que nos dona”.

El Santo Padre recordó que “desde el día del Bautismo nos es dado a cada uno de nosotros un nuevo nombre además del que ya nos dan papá y mamá, y este nombre es ‘Cristóforo’, que significa ‘portadores de Cristo’. “El nombre de nuestra actitud, una actitud de portadores de la alegría de cristo, de la misericordia de Cristo”, añadió.

Francisco manifestó que “la misericordia que recibimos del Padre no nos es dada como un consuelo privado, sino que nos hace instrumentos para que también otros puedan recibir el mismo don”, dijo.

Explicó que “vivir de misericordia nos hacemisioneros de la misericordia, y ser misioneros nos permite crecer siempre más en la misericordia de Dios”.

“Con su gracia, el Señor guía nuestros pasos mientras atravesamos la Puerta Santa y viene a nuestro encuentro para permanecer siempre con nosotros, a pesar de nuestras faltas y nuestras contradicciones”, dijo el Papa.

Francisco pidió entonces que “no nos cansemos nunca de sentir la necesidad de su perdón, porque cuando somos débiles su cercanía nos hace fuertes y nos permite vivir con mayor alegría nuestra fe”.

Recordó unas palabras de San Juan Pablo II: “La Iglesia vive una vidaauténtica, cuando profesa y proclama la misericordia y cuando trae a los hombres a las fuentes de la misericordia”.

El Pontífice señaló además que “como cristianos tenemos la responsabilidad de ser misioneros del Evangelio”.

“Cuando recibimos una buena noticia o cuando vivimos una buena experiencia, es natural que sintamos la exigencia de participar también a los otros”.

El Santo Padre indicó que “sentimos dentro de nosotros que no podemos contener la alegría que nos ha sido donada y queremos extenderla”.

En este sentido, “la alegría suscitada es tal que nos empuja a comunicarla. Debería ser igual cuando encontramos al Señor, la alegría de este encuentro de su misericordia, comunicarla”.

Es más, “el signo concreto de que hemos encontrado de verdad a Jesús es la alegría que probamos al comunicarlo a los otros, y esto no es hacer proselitismo, es hacer un regalo, porque yo te doy aquello que me da alegría a mí”

San Juan Bosco, Fundador de los Salesianos

En 1815 nació en Piamonte (Italia). A los dieciséis años, ingresó en el seminario de Chieri y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y los vestidos indispensables. Después de haber recibido el diaconado, Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y ahí empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir todos los domingos a un grupo de chiquillos abandonados de la ciudad en una especie de escuela y lugar de recreo al que llamó “Oratorio Festivo”.

El primer puesto que ocupó Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para muchachas, que había fundado la marquesa di Barola.

Tiempo después, acabó una escuela nocturna, y como el oratorio estaba lleno, abrió otros dos centros en otros tantos barrios de Turín. Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Cayó pronto en la cuenta que todo el bien que hacía por sus chicos, se perdía con las malas influencias del exterior, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros fueron inaugurados en 1853. En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos eran 500. En diciembre de 1859, Don Bosco y sus 22 compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta 15 años después. La orden creció rápidamente: en 1863 habían 39 salesianos, a la muerte del fundador eran ya 768. El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma del hábito de 27 jóvenes a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos.

Don Bosco realizó uno de sus sueños al enviar sus primeros misioneros a la Patagonia. Poco a poco los salesianos se extendieron por toda América del Sur. Tenían 36 casas en el Nuevo Mundo y 38 en Europa.

Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas primaria y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc. sin omitir las misiones y el trabajo pastoral.

Don Bosco murió el 31 de enero de 1888. Su canonización tuvo lugar en 1934.

Tú eres toda hermosa

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Tú eres toda hermosa
¡oh Madre del Señor!;
tú eres de Dios gloria,
la obra de su amor.

¡Oh rosa sin espinas!,
¡Oh vaso de elección!
de ti nació la vida,
por ti nos vino Dios.

Sellada fuente pura
de gracia y de piedad,
bendita cual ninguna,
sin culpa original.

Infunde en nuestro pecho
la fuerza de tu amor,
feliz Madre del Verbo,
custodia del Señor. Amén.

Meditación del Papa Francisco

El amor de Dios es estable y seguro, como los peñascos rocosos que reparan de la violencia de las olas. Jesús lo manifiesta en el milagro narrado por el Evangelio, cuando aplaca la tempestad, mandando al viento y al mar. Los discípulos tienen miedo porque se dan cuenta de que no pueden con todo ello, pero Él les abre el corazón a la valentía de la fe. Ante el hombre que grita: ‘¡ya no puedo más!’, el Señor sale a su encuentro, le ofrece la roca de su amor, a la que cada uno puede agarrarse, seguro de que no se caerá. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto. […]

Podemos preguntarnos, si hoy estamos firmes en esta roca que es el amor de Dios. Cómo vivimos el amor fiel de Dios hacia nosotros. Siempre existe el riesgo de olvidar ese amor grande que el Señor nos ha mostrado. También nosotros, los cristianos, corremos el riesgo de dejarnos paralizar por los miedos del futuro y de buscar seguridades en cosas que pasan, o en un modelo de sociedad cerrada que tiende a excluir, más que a incluir. En esta tierra han crecido tantos santos y beatos que han acogido el amor de Dios y lo han difundido en el mundo, santos libres y testarudos. Sobre las huellas de estos testigos, también nosotros podemos vivir la alegría del Evangelio, practicando la misericordia, podemos compartir las dificultades de mucha gente, de las familias, en especial de las más frágiles y marcadas por la crisis económica.  (Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2015).

Confía en el Señor

Sin el Señor no podrás dar un paso seguro. —Esta certeza de que necesitas su ayuda, te llevará a unirte más a El, con recia confianza, perseverante, ungida de alegría y de paz, aunque el camino se haga áspero y pendiente.

San Josemaría Escrivá

Santa Martina, Virgen y Mártir

La Santa fue sometida a muchos tormentos y finalmente decapitada en Roma, bajo el emperador Alejandro (Severo 222-235).

Según algunos existía en Roma una capilla consagrada a Santa Martina, a la que los peregrinos acudían con gran devoción, en el siglo VII. Sus reliquias fueron descubiertas en una bóveda en ruinas de su antigua iglesia y que, en 1634, fueron trasladadas a la nueva iglesia que el Papa Urbano VIII había construido en su honor. Asimismo, compuso los himnos de Santa Martina para el breviario, y se dice que la ciudad de Roma la considera como una de sus patronas particulares.

A pesar de estas afirmaciones, la existencia histórica de Santa Martina es dudosa. Los documentos más antiguos dicen que fue martirizada en Roma, pero no hay ninguna tradición primitiva que mencione ese hecho.